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El cinema novo, ya vimos, fue un cine muy comprometido con la realidad y los problemas sociales del país. La intención de este apartado es ver en gene-ral las opiniones de algunos realizadores del movimiento, respecto de diferen-tes cinematografías de la época, fuera de Brasil. La intención es ver algunas opiniones acerca de cines conceptualmente más cercanos y más lejanos al cinema novo. Las siguientes son algunas respuestas de cinemanovistas a un cuestionario de Alex Viany (O processo do cinema novo, 1999).

Neorrealismo italiano:
Carlos Diegues: El neorrealismo devolvió el cine a un cuadro cultural que pa-recía que había abandonado, debido a cierta imposiciones industriales. Retoma para el cine la gran tarea de documento social y humano, le saca lo que sobra-ba por impostura, le devuelve el sentido de instrumento de una visión de mun-do y al mismo tiempo reflexión de ese mundo. Y lo que es fundamental, en una perspectiva cinematográfica, creando y enriqueciendo el vocabulario del cine. Creo que el neorrealismo da los primeros pasos para lo que se quiere lla-mar cine moderno, una etapa bastante adelantada del cine como forma cultu-ral autónoma y auténtica.
David Neves: Creo fundamental el neorrealismo, como resultado de una serie de condicionamientos externos. Sobretodo doy valor a la capacidad de aque-llos que lo crearon y desarrollaron tan bien, y reflejaron globalmente las ema-naciones de esos factores, de los particulares a los universales (...) Doy espe-cial importancia a la obra de Rosellini, que imprimió al drama una gran liber-tad, sin huir al realismo, y le permitió variaciones y anudaciones más ricas, sin caer en la alegoría. De Sica, dueño de un gran talento, es más brillante, se aisló un poco, en una corriente subsidiaria.
Glauber Rocha: Fue la mejor cosa del cine después de la guerra. Para Brasil dio una lección inestimable, si bien comprendida y transpuesta.

Nouvelle Vague:
Carlos Diegues: En primer lugar me permito hablar de Nouvelle Vague franco-italiana, en vez de restringirla a Francia. De cualquier modo no creo en ella co-mo tal. Respeto nombres como Resnais, Godard, y más abajo Truffaut. Pero desconozco la importnancia de un Chabrol, o Malle, o Bolognini, o Mocky, y así por delante. La Nouvelle Vague me parece un conjunto de literatos que, con estilos más o menos eclécticos, se une en torno de una misma concepción cinematográfica y esta concepción, en terminos culturales, es muy poco Nouvelle. Un análisis sociológico de las obras del grupo demuestra, con nitidez, la tendencia al aristocrático, subjetivo, para-fascista, mismo que fuera de los estudios, hacen profesión de fé izquierdista. A la par de esto confunden el sim-ple buen gutso con cine, y distribuyen enrte mujeres lindas y dramas psicoa-nalíticos, su fracaso romántico, su “no tener nada para decir”. A pesar de ello existen entre ellos buenos artesanos. Vadim, por ejemplo.
David Neves: Considero a la Nouvelle Vague un movimiento útil, sin concordar con sus ejemplos más numerosos. Me decía un amigo hace poco, que detesta-ba los nuevos filmes franceses, pero que iva a verlos, así y todo. Es ese el mayor mérito de la Nouvelle Vague: el de haber despertado el cine francés de una melancólica y letárgica situación.
Glauber Rocha: es una inspiración típicamente neo-decadentista, un movimien-to cultural que defiende la pequeña libertad burguesa, y que se integra tam-bién en el lenguaje anárquico. Es un peligro para los jóvenes de paises subde-sarrollados, más allá de haber contribuido para el avance del cine. Godard y Resnais son respetables, así como Truffaut. Pero en el fondo son burgueses, cantan la tristeza desesperada de Francia y olvidan la reducción sartreana, que me parece lo más importante de la cultura europea de hoy. Personalmente la Nouvelle Vague no me interesa, más allá de que sean bellas algunas de sus manias: las mujeres principalmente, el trato de ella. Vadim, sin duda, es una sofisticada revolución en la superestructura.

Cine japonés:
Carlos Diegues: El cine japonés, cualitativamente, se coloca entre los mejores de hoy. Bastaría un Kurosawa para garantizar el puesto. Es un cine que, cuan-do es bueno, sabe utilizar las conquistas fílmicas del pasado, asociándolas a lances inventivos prácticamente inéditos.

Ingmar Bergman:
Carlos Diegues: Es un cineasta que respeto; un hombre que tiene una concep-ción de cine, coherente y consecuente. Para nosotros, en Brasil, sufre de inco-municabilidad dictada por los límites de nuestros padrones culturales y los sue-cos; nuestras necesidades y las del contexto en que se encuentra.
Glauber Rocha: Bergman siendo un gran director, es el resultado de una tradi-ción cultural que me interesa apenas como cultura.

Federico Fellini:
Carlos Diegues: Ya a Fellini lo respeto menos (que a Bergman). No veo gran importancia cinematográfica en su obra, a no ser de su formidable facilidad en hacer de muy pequeñas cosas y del marginalismo, documentos a veces intere-santes.
Glauber Rocha: Un moralista provinciano, un místico impresionista. Es una per-sonalidad y basta.

Michelangelo Antonioni:
Carlos Diegues: Un realizador genial, pero con una concepción del cine de la cual difiero radicalmente.

Luchino Visconti:
Glauber Rocha: El gran pensador del cine moderno, porque es un marxista que prodece dialécticamente sobre el hombre, en todo, como “Carne” y como “Ser social”. “Rocco e i suoi fratelli” es, como sistema de pensamiento, el mayor film del cine.

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